Recupera un mesde trabajocada curso.
5 horas de papeleo a la semana son 180 horas al curso — 24 jornadas completas de trabajo. Didacly las deja en minutos: situaciones de aprendizaje, rúbricas, informes y adaptaciones, con el currículo oficial de tu comunidad dentro.
Lo que esta semana
ya no vas a hacer a mano.
Seis cosas que hoy te ocupan la tarde y mañana te ocupan una frase.
Sesiones temporizadas, producto final, criterios y competencias del decreto de tu comunidad.
Niveles, pesos y nota final calculada. Se guardan en la clase y se reutilizan el curso que viene.
El comentario cualitativo de toda la clase, con tu tono, en una tabla que revisas de una pasada.
Del tema que estés dando, con su solucionario, listos para imprimir en blanco y negro.
La misma ficha, adaptada alumno por alumno según su NEAE, sin volver a escribirla cinco veces.
Repartida por semanas sobre tu horario real, con los criterios cubiertos y los que faltan.
No es solo para tu aula.
También para tu oposición y tu centro.
Es la misma herramienta y el mismo currículo por debajo. Lo único que cambia es lo que le pides.
Todo lo de arriba, más lo que sostiene el curso: las clases y su alumnado, el cuaderno de evaluación, los boletines de toda la clase de una tacada y tu biblioteca de recursos.
La programación anual completa, con sus unidades didácticas repartidas por trimestres, los criterios del decreto de tu comunidad y el guion de la defensa. Sale en Word, montada para el tribunal.
Una consola para la dirección: el horario del claustro, las sustituciones del día, el inventario de cada aula, las faltas y la documentación que hoy anda por catorce carpetas distintas.
No hay nada que aprender.
Se usa escribiendo.
Si sabes mandarle un mensaje a un compañero, ya sabes usar Didacly.
«Prepárame una situación de aprendizaje de fracciones para 5.º, seis sesiones, con salida al mercado.» Con eso ya tiene bastante.
«El día 3 hazlo por parejas» y lo cambia. No hay formularios, ni campos, ni plantillas que rellenar.
Se descarga en Word o PDF, se guarda en tu clase y queda vinculado a los criterios de tu comunidad.
Por qué esto va a
salirte bien.
Un borrador solo sirve si te lo puedes creer. Estas son las cuatro cosas que hacemos para que lo que leas sea defendible delante de tu jefatura.
Las 19 comunidades cubiertas. Cada situación va atada al decreto de la tuya, con el criterio citado por su código — no con una redacción parecida.
Antes de enseñarte nada, un verificador revisa los datos y tira lo dudoso. Preferimos una ficha más corta que una ficha con un dato inventado.
Todo sale como borrador. Nada se manda a una familia, ni se pone en un boletín, ni entra en tu programación hasta que lo revisas y lo firmas.
Los nombres del alumnado se sustituyen por identificadores antes de que el texto salga hacia la IA, y cada petición excluye a los proveedores que entrenan con lo que reciben. No es una promesa: es un parámetro de la llamada.
Probarlo no te cuesta nada.
Ni dinero, ni una tarde de configuración, ni un compromiso del que luego haya que salir.
El plan de profesor no cuesta nada. Ni tarjeta, ni prueba de siete días, ni un pago esperándote al final.
Se abre en el navegador del ordenador del cole, en casa o en el móvil. No hay que pedirle permiso a nadie.
Tu cuenta y todo lo que hayas generado se eliminan cuando tú quieras, sin escribir a soporte ni esperar respuesta.
Que el primer aviso
te llegue a ti.
Un correo, nada más. Te escribimos el día que abrimos y no antes — sin tarjeta, sin compromiso y sin spam.